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Archive for the ‘Vivencias’ Category

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Este 14 de febrero me visitó, al vuelo, Gurri, quien se llama Yaliennis y todos la conocen por su apellido.

En un momento de su visita esta ex compañera de estudio de mi esposa, Susana Pérez (que no es la actriz), miró a mi niño, Osviel junior, y enseguida soltó, en tono de broma: ¡Verdad que adelantaste la raza!

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No sé si fue un mango a destiempo o unas ciruelas sin madurar, lo cierto es que en estos días resulté víctima de una ingesta; o para decirlo en el argot más popular: de un empacho tremendo.

Dolores estomacales, diarreas, dolores de cabeza, malestar generalizado y falta de apetito fueron los síntomas; aunque ahora, como ha pasado el tiempo, pueda que haya olvidado alguno.

Pero no escribo hoy para contarles de mis males que me sacaron durante varias fechas de circulación, sino para comentar sobre ese personaje imprescindible en esta era, que no pueden eludir ateos ni creyentes: el sobador de empachos, aquel que elimina las “bolas pegadas” en nuestro aparato digestivo. (más…)

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Ver aquello me rompió el alma en varios pedazos. Era un niño de unos 11 años que, esperando la consulta junto a su padre, hacía las cosas más tremendas que uno pueda imaginar.

Gritaba, escupía, lloraba, se quitaba los zapatos… mordía. Su progenitor tuvo que llevárselo para una esquina ante la mirada curiosa de decenas de personas que aguardaban su turno para distintos galenos. (más…)

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Aquellos domingos indescriptibles solíamos formar un enjambre familiar en torno a ellas. Hijos, nietos, sobrinos y hasta «primos quintos» armábamos unas reuniones sin protocolos ni estrados para reírnos de las guayabas y los cuentos de otro tiempo; mientras las supuestas agasajadas no paraban de trajinar, como si hubieran querido olvidarse ex profeso de que ese era «su día».

Así se nos fugó el tiempo, de mayo en mayo, en la rutina de convertirnos, al final, en  inmerecidos homenajeados. Así se nos menguó el reloj, sin percatarnos de la grandeza de aquellas mujeres dobladas por el almanaque y erguidas por la conducta… hasta que se nos fueron. (más…)

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Hace varios días llegé  hasta un quiosco  cercano a la terminal de trenes de Bayamo, en el que dos «cuentapropistas» exhibían y anunciaban «pizza caliente a cinco». Pedí  una y, como ciertamente estaba que echaba humo, también solicité otro pedacito de papel para sostenerla mejor.

Pero el vendedor principal se excusó con un decreto propio: «Es un solo papelito por pizza, ‘mijo’, no hay papel ni cartón». (más…)

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Llegué a creer que no existías; que eras un pretexto para justificar el fuego de algunas locuras, que eras un truco de esta vida maga-inconstante.

Pensé, incluso, que eras un invento de ingenuos que amontonaban versos, de incautos recolectores de rosas o de frenéticos cultivadores de arcoiris. Entendí que tenías cuerpo de fantasma, de sombra, de artificio.

No me ruborizo al decirlo: para mí andabas sin espuelas, sin flechas y sin hechizos. ¡Ibas tan débil en mi cosmos! Podías apagarte con cualquier palabra necia, con la discusión por ciertos desacuerdos; con la herida fecundada en la distancia… con el gravamen del tiempo.

Te vi fallecer tantas veces en otros que te defendían a ultranza que te supuse quebradizo y leve. Me contaron tanto tu muerte en miles de voceros de la «ternura eterna» que me convencí de tu impotencia. (más…)

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Fin de semana triste y jubiloso a la vez este que se fue en Bayamo, la Ciudad Antorcha de Cuba.

El sábado, mientras miles de pobladores se alistaban a recibir a la Virgen de la Caridad del Cobre, que realiza un recorrido por toda la nación, otros miles recibimos una noticia tremenda: Edgar Rodríguez Sarmiento, un joven de 28 años, realizador de sonido de la emisora provincial Radio Bayamo, falleció  en La Habana, repentinamente, mientras dormía. (más…)

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